Me dejé todo y empecé a vivir

Hay un momento en la vida en el que todo cambia, todo se mueve, todo se alinea y las cosas importantes comienzan a suceder. Para mi ese día llegó hace más de 2 años cuando decidí que tenía que empezar a hacer y dejar de vagar por la zenda de la mediocridad y de la queja perpetua.

Tomé las riendas de mi vida y fui directo a las oficinas de internacionalización de mi universidad. Mi destino – el que yo creía desear – era irme a Chile, pero la vida tenía una propuesta aún mejor para mi.

Un buen día entré en la lucha contra la burocracia universitaria, la cual todos sabemos está aderezada con poca (nula) empatía , mucho desinterés y salpimentada con trabas eternas en el proceso. Fueron incontables las veces que quería tirar la toalla y dejar todo votado. Los topes en el camino, por lo menos dentro de mi universidad, fueron incontables y el tiempo invertido en llevar y traer documentos fue excesivo.

A pesar de todo, nada logró detenerme para llegar al lugar donde quería estar.  Ocho meses de espera y mucho estrés en el proceso me llevó a recibir la que hasta hoy, ha sido la mejor noticia de mi vida. En ese momento y con la carta de aceptación en mi bandeja de entrada supe – sin temor a equivocarme –  que mi vida jamás volvería a ser la misma. Colombia me recibía con los brazos abiertos, eligiéndome de entre cientos de estudiantes a mi, a la persona que hoy escribe este blog. 

Aún puedo recordar lo que sentí, lo que pensé y lo que imaginé en el momento que leí:

Tenemos el gusto de informarle que usted ha sido admitida para hacer parte del programa de movilidad académica entre la Universidad de Guadalajara y la Universidad de Caldas

 

Después de esas líneas y saber que mi destino inminente sería emprender la huida hacia tierras llenas de sabor, color y realismo mágico, entendí que lo que dejara atrás, tarde que temprano me quedaría pequeño y tendría que olvidarme de ello. Eso incluía a personas, lugares, recuerdos y más personas.

Para ese momento mi único enemigo y aliado era yo.  Yo contra el mundo y sus adversidades – que a decir verdad no son tantas como dicen- pero así, sin más, me deje todo y empecé a vivir lo que siempre quise. El sueño que guarde por años por fin se materializaba y lo estaba obteniendo con méritos propios. Las horas que debieron ser de sueño se convirtieron en momentos invertidos en trabajo, tareas y proyectos.

Nada pudo detenerme y para ese momento ya hacía parte de la comunidad universitaria en la ciudad de Manizales en el departamento de Caldas. Un pedacito de cielo justo en el centro del Paisaje Cultural Cafetero  de Colombia. Un lugar con clima hermoso, gente amable y llena de alegría, un sitio tan increíble que aún no encuentro palabras a la altura que puedan describirlo y hacerle justicia.

 

Ese lugar fue mi casa, mi patio de juegos, mi centro de reuniones y albergue de domingos por las tardes. Esa gente tan amable se convirtió en mi familia, mis cómplices y mis anfitriones de viernes por la noche. Esos seis meses se volcaron en 180 días de risas, alegrías, experiencias y cata de nuevas esencias. Esos 180 días se convirtieron en los primeros amaneceres de la que sabía que sería mi forma de vida hasta el día que ya no exista en este universo.

Me tomó un año y medio más saber que para atraer lo bueno y lo increíble a mi vida debía soltar, soltar lo que no me sirve y sonreír. Hace 6 meses atrás me deje todo y empecé a vivir la vida que quiero y necesito, una vida llena de buenos momentos y proyectos que llenan mi alma creativa y mi corazón viajero.

 

Te comparto un poco de mi historia para inspirar la tuya, solo dime:
¿Lo que haces hoy te está llevando
a donde quieres estar mañana?

 

Haz un cambio, vivir feliz  y en paz es lo que importa♥ .

 

 

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